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‘Neoyupis’ al poder

Entre el impredecible revuelto de la coalición uribista viene emergiendo un movimiento de neoyupis que por lo menos promete renovar el discurso del gobierno.

Por Diego Laserna*
Especial para UN PASQUÍN

En estos días de introducción al segundo gobierno Uribe a veces pienso que mucha gente, sobre todo nosotros los de la oposición, le damos demasiada importancia al presidente.

Es verdad, es desgarrador ver a la misma gente en el Congreso a pesar de todas las promesas; es triste ver que el presidente viaja a Washington para pedir la aprobación de su programa de gobierno y es deprimente ver que va a firmar un TLC para que el país se pueda especializar en el cultivo de maracuyá. Pero no nos digamos mentiras, nada de eso es nuevo. Desde que tengo memoria los presidentes de este país han estado aliados con la clase política tradicional, han estado controlados por los gringos y han estado más preocupados por “integrarse a la economía mundial” así sea vendiendo papaya que por empezar a remediar los problemas estructurales que tenemos como sociedad. Evidentemente nada de eso va a cambiar en los próximos cuatro años.

Pero afortunadamente entre el impredecible revuelto de la coalición uribista viene emergiendo un movimiento de neoyupis que por lo menos promete renovar el discurso del gobierno en los próximos cuatro años. Éste, a diferencia del resto de la coalición, es un movimiento sólido, organizado y a la moda que tiene como iconos políticos a Enrique Peñalosa, a Juan Manuel Santos y al ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias. Su máximo objetivo es lograr que todos los negocios colombianos sean como las tiendas Juan Valdez y que alrededor del mundo reconozcan a Colombia por el corazoncito de “Colombia es pasión”. Sus miembros se identifican unos a otros por creerse nacionalistas portando una manillita con la bandera colombiana en la mano y creen profundamente que el peor problema de Colombia es ser incomprendida por el mundo desarrollado. Para ellos el TLC es la oportunidad de redimir el maltrecho nombre de nuestra nación mostrando que podemos producir sombreros volteados y los mejores calzones del mundo; y como no podemos elegir a Alvaro Uribe por tercera vez posiblemente hagan campaña para que el próximo presidente sea alguien “reconocido” en el ámbito internacional, como por ejemplo Luis Alberto Moreno.

Para resaltar lo bueno de nuestro país y “venderlo” en el exterior un grupito de neoyupis se invento la “Marca Colombia” y muy coherentemente con su “nacionalismo” contrataron una agencia gringa para diseñarla. Para ellos poco importa que el TLC acabe con la agricultura y profundice la guerra, se nos esta abriendo el mercado más grande del mundo y en los supermercados de Miami de ahora en adelante vamos a ver papitas criollas. No es grave que las tiendas Juan Valdez hayan abusado a diestra y siniestra del patrimonio del Fondo Nacional del Café y de tantos cafeteros Colombianos, si los neo-yupis reconocen una marca colombiana en Time Square se les hincha el pecho de orgullo.

Por favor, seamos serios y reconozcamos que en Colombia hay problemas profundos que no se van a solucionar con que los gringos tomen tinto y compren claveles colombianos. El nacionalismo neo-yupi es miope e hipócrita y trata de convencernos que el nuestro es un gran país mientras nos tapa los ojos. Eso no quita que nuestro país siga siendo increíble y que sigamos luchando por él pero decir que “Colombia es el secreto mejor guardado del mundo” sugiere que no debemos cambiar nada y que vivimos en el paraíso. Si los neo-yupis de verdad quieren cambiar nuestra imagen en el exterior, en lugar de invertir en campañas publicitarias yo les sugeriría pararse y empezar a cambiar la forma en que funciona el país. No tanto para impresionar a las multinacionales y a los periódicos extranjeros sino porque los colombianos, ellos incluídos, nos merecemos un país mejor. Desafortunadamente para cambiar este país es posible que tengan que perderse el protagonismo de las páginas sociales y empezar a hablar en español.


*Estudiante de Ciencia política y economía, Universidad de Columbia.

 

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