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| Se cotizan en bolsa Este largo e inútil gobierno va quedando en su triste realidad. No es más que la asociación de ambiciosos en cacería de oportunidades. Por
Iván Marulanda Gómez* Las crónicas que se escuchan acerca de lo que aconteció
la última semana de agosto con la compra de cinco senadores
de la “U” en la elección del Consejo Nacional
La “U” es la bancada de Uribe, el equipo político del presidente. Son los socios con los que dijo iba a dar ejemplo y con quienes llevaría a cabo su tarea de gobierno, según sus propagandistas, “histórica”. Pues dicen los mismos uribistas que el senador Gil compró a cinco senadores de la “U” para elegir su representante de bolsillo en el Consejo Nacional Electoral. Cuentan testigos del sainete, que Gil decía en la pista del circo “tengo 15 votos y mil millones de pesos para poner mi ficha”. Y la puso. El inefable Gil es también de la cuerda del presidente y dicen que lo visita en palacio, pero que lo hacen entrar por la puerta de atrás para que no lo adviertan periodistas o personas que se ruboricen de verlo en ese lugar de campanillas. Según relatan los que lo padecen en Santander, este sórdido personaje anda por los caminos más oscuros de la política cargado de billetes que sustrae de tesorerías ajenas y dedicado a la compra de votos. Los billetes con los que se compran conciencias no son limpios, ni sanas las intenciones de quienes los manejan. Pero en esas estamos. La realidad es que buena parte de las fuerzas políticas de Uribe van a remolque de compradores de votos y de pistoleros que hacen votar a la gente a los empellones. Se destapó otra vez la podredumbre en las filas del uribismo. Ya se les había conocido el mal aliento en el trámite de la reforma que trajo a la política colombiana la reelección del Presidente de la República. Para conseguir los votos fueron nombrados 71 parientes de congresistas en el servicio exterior. Quién sabe cuántos cargos más se entregaron en otras esferas del estado, para no mencionar los episodios repugnantes de dos Representantes a la Cámara, los pintorescos Yidis y Teodolindo, sobornados por el gobierno para que cambiaran el voto. En esta elección del Consejo Electoral se desbarató la coalición de gobierno. Los que llegaron a ella bien intencionados están que se vomitan y las fracturas de desconfianza y desaliento en el grupo son irreparables. Para acabar de completar, “Cambio Radical” que hacía parte del elenco, “le puso cachos” al presidente y su camada. Se fue con otros. Votó con el liberalismo. Y nadie ignora que después de la infidelidad, los matrimonios quedan heridos de muerte. Todo esto ocurre a sólo tres semanas de haberse posesionado Uribe, el responsable del engendro político. Ahora el encarte para el país, como si no tuviera problemas, será tener qué soportar este desbarrancadero. Faltan cuatro años más de espectáculo y de farsa, algo que puede resultar insufrible. La competencia entre las chequeras de los giles y la nómina que ofrece Uribe a cambio de apoyos, constituyen ese extraño mercado de la política de hoy, en el que se pregunta ¿a qué precio se cotizan en el día los votos de los uribistas? El miércoles 30 de agosto se hicieron transacciones en el Capitolio a treinta millones unidad. Es triste que hasta la bancada del Polo Democrático llegó el mismo asco de la venta de los votos de algunos de sus congresistas. Es la respuesta que encontraron ellos mismos en el partido, a la sorprendente falta de tres de sus sufragios en la elección de magistrados de la que vengo hablando. Aparecieron también en la olla podrida de los votos de Gil. *Ex Constituyente. |
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