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| ARTURO ALAPE La memoria viva del 9 de abril Por
Juan Carlos Flórez Arturo
Alape dedicó su vida intelectual a comprender los orígenes
del conflicto que ha atormentado a nuestro país en el último
medio siglo. Una y otra vez regresó en sus trabajos a aquellos
momentos de nuestra historia que, a su juicio, habían desempeñado Como otros miembros politizados de su generación, a la vez críticos del orden establecido, Alape consideró en la coyuntura de los años 60 y 70 del siglo pasado, que la violencia era un poder que podía transformar positivamente a la sociedad. De ahí su efímero paso por la guerrilla. Alape tuvo la suerte de sobrevivir a dicha experiencia, que segaría la vida de muchos jóvenes ilusos. Su extraordinaria capacidad de trabajo lo convirtió, en las décadas siguientes, en uno de los intelectuales más rigurosos de la izquierda cercana al comunismo colombiano. Su paso por la guerrilla de las Farc le permitió acceder a los testimonios de primera mano sobre la historia de ese movimiento. Sus dos libros sobre Pedro Antonio Marín, alias Tirofijo, son un documento sobre la historia de la violencia guerrillera en Colombia y su protagonista más importante. En ellos está presente la simpatía de Alape por la guerrilla de los años 60 y 70. Quien busque una aproximación distante a la figura del caudillo de las Farc, no la encontrará en esas dos obras. Cualquier lector contemporáneo que emprenda la lectura de esos trabajos, percibirá que hay una carga de simpatía hacia las Farc, que contrasta con el rechazo masivo que ese movimiento genera en la Colombia urbana de este siglo. Al margen de esa crítica, esos libros nos entregan una valiosa información acerca de Marín, del clan que le acompañó en su etapa de guerrillero liberal y durante el surgimiento de las guerrillas comunistas. Pero aun con el sello ideológico que Alape le imprimió a sus trabajos, es bueno recordar que su lucha siempre estuvo en el campo de las ideas, de la creación intelectual. A través de la pintura, su otra gran pasión, de sus trabajos históricos, de sus novelas, de sus biografías, Alape defendió el derecho de un intelectual de izquierdas a contribuir al enriquecimiento cultural y a la comprensión del destino de su país. Fue fiel hasta sus años finales, en su rechazo a aquellos aspectos de la sociedad colombiana que le parecían más injustos. Al mismo tiempo, se sintió cada vez más lejano del tipo de violencia política que había idealizado en su juventud. Y no obstante esa evolución, no abandonó aspectos básicos de su visión del mundo. Un sólido ejemplo de coherencia, en una sociedad acostumbrada al travestismo político. |
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