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El acuerdo humanitario y la
nueva imagen de Álvaro Uribe

Ante el deterioro de la imagen de su gobierno, Uribe decide usar el tema humanitario para ‘limpiarle la cara a la muchachita’.

Por Juan Manuel López Caballero*
Especial para UN PASQUÍN

Me produjo algo el ver en un noticiero de televisión al Presidente Uribe frente a las cámaras y micrófonos de todos los medios hablando por su celular con el Embajador de la República de Colombia en la India, y trasmitiéndole como instrucción que debía negociar ‘a cualquier precio’ la liberación del secuestrado por los rebeldes Afganos.

Como buena parte del país, me pregunté porqué no se aplicaba ese mismo interés a los hoy todavía retenidos en manos de los rebeldes locales. Obviamente se podría considerar censurable esa posición del Dr. Uribe y da la impresión de que así lo han recogido tanto los familiares de quienes están en manos de la guerrilla como la mayoría de la opinión pública (incluidos algunos medios de comunicación).

Algo más de reflexión sobre el caso permitiría entender que lo importante para el Presidente no era el contenido de la conversación o la suerte del prisionero, sino la imagen que quería proyectar el mandatario ante nosotros. Y aunque eso sería aun más objetable, al mismo tiempo podría ser indicio de lo que hasta ahora se ha visto como la única posibilidad de que el Jefe de Estado acepte buscar el acuerdo humanitario en los términos que lo contempla el DIH, es decir, con el propósito de aliviar la situación de las víctimas y no la de ganar puntos en la confrontación con el enemigo.

En efecto, hace rato que es claro que sólo se llegará a esta solución en el momento en que le produzca réditos al Gobierno. Y aunque hasta ahora ha buscado principalmente los que mostrarían su capacidad de imponer sus condiciones a la contraparte –v. gr. cese de hostilidades–, el escepticismo ante la falta de éxito de sus políticas belicistas, y hasta cierto punto el conjunto de eventos que han llevado a un cierto deterioro de la imagen de su gobierno, haría que dentro de un ánimo de contrarrestar esto, utilizara el tema humanitario para ‘limpiarle la cara a la muchachita’.

El montaje de la llamada en directo ante las cámaras, y el énfasis en el ‘negocie lo que sea necesario’ mostraría que algo en ese sentido era la intención; no es verosímil el cuento de que después vino a enterarse de que sin respaldo legal y sin presupuesto no puede tomar esa decisión; es paradójico, pero se podría esperar que el mismo hecho que el resultado haya sido negativo –en el sentido que ese ‘teatro’ dejó una mala sensación y no una mejora de la imagen– haga que, siguiendo su habilidad para voltear a su favor todo lo que le sería criticable, vea en la posibilidad del acuerdo humanitario aquí, una forma de capitalizar la ‘metida de pata’, tomando la decisión de volver realidad lo que inicialmente era solo una mala asesoría de imagen. .


*Economista e investigador.

 

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