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| El desaguisado de la La diplomacia del señor presidente es unipersonal y mediática, como se ve en sus viajes a Estados Unidos, y el servicio exterior es una feria de recompensas políticas. Por
Ricardo Sánchez Ángel* Mientras
en la mayoría de América latina avanzamos hacia
posturas de dignidad nacional, en Colombia nos enclaustramos en
un provincianismo, atado a intereses del capitalismo global. La
diplomacia y las relaciones internacionales Así, las relaciones exteriores y la diplomacia del Estado colombiano y el gobierno del señor presidente profundizan, el aislamiento y confrontación con el conjunto de repúblicas hermanas. Con Ecuador, las relaciones están peor, militarizadas; donde el mal trato proviene del Estado colombiano. Con Panamá, avanza un contencioso en la Organización Mundial del Comercio, y la diplomacia, las autoridades comerciales de nuestro país no han observado una conducta de conciliación y concertación, de nuevo la prepotencia. Con la república de Nicaragua el diferendo sobre el archipiélago de San Andrés y Providencia y sobre el mar territorial se prolonga, en grave desventaja para los intereses nacionales, en una situación en que el secreto y las explicaciones a medias, son actitud corriente por parte del gobierno del señor presidente. Los pueblos centroamericanos y del Caribe, están con las peticiones de Nicaragua y por supuesto las multinacionales petroleras que están comenzando a operar en las aguas territoriales. Más allá de las apariencias, los centroamericanos toman distancia, gravitan en la órbita de México, Estados Unidos, y algunos, de Venezuela. Con Cuba, sí con Cuba, la ausencia del señor presidente en la cumbre de los No Alineados y la presencia muda de la Canciller, enfriaron más las relaciones, que sólo se dinamizan cuando el señor presidente pide favores a Fidel Castro, en torno a negociaciones con los guerrilleros. Con Bolivia las relaciones están en lo mínimo, al igual que con Uruguay, Paraguay y Argentina. La diplomacia del señor presidente se opuso a la aspiración de Chile, a ocupar la secretaría general de la OEA, volviendo las relaciones un asunto apenas protocolario, en que el comercio, que es importante con el país austral, ha estado rodeado de controversias y extravíos. Las relaciones con el país-continente que es Brasil, son menores, sin ninguna importancia, a espaldas de lo que la geopolítica, no sólo latinoamericana, sino mundial, indican. El plato fuerte es con Venezuela, la confrontación se agudiza en lo económico e internacional. El anuncio de no acompañar la aspiración venezolana al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, equivale a una afrenta, cuando lo que el sentido común popular, pide a gritos es declarar como primado de la política internacional colombiana: Venezuela es el Buen Vecino. Mientras en el contexto de la guerra del gobierno norteamericano contra Iraq, del Estado Israelí contra Palestina y el Líbano, de amenazas a Irán y Siria, de militarización global de las relaciones internacionales, el gobierno del señor presidente mantiene su apoyo a esta política y a la injerencia norteamericana en el Plan Patriota. Igual ocurre con los tratados de libre comercio, en curso, de las multinacionales y banqueros del capitalismo metropolitano. Agrava todo esto, el que la diplomacia del señor presidente es unipersonal y mediática, como se repitió en su viaje a los Estados Unidos, y el servicio exterior una feria de recompensas políticas. Se requiere rectificar el curso de la política exterior
colombiana, afirmando una diplomacia e integración económica
y cultural Caribe y Latinoamericana. Luchar por la democratización
radical de los organismos internacionales, comenzando por las
Naciones Unidas, por el renacer del Derecho Internacional de la
Paz y la cooperación con dignidad con todos los países
y continentes. *Profesor asociado Universidad Nacional de Colombia; profesor titular de la Universidad Externado de Colombia. |
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