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La verdadera disyuntiva

Por Juan Manuel López Caballero*,
Especial para UN PASQUÍN

La habilidad para manipular la opinión pública ha llevado a confundir al elector sobre lo que se deberá escoger en los próximos comicios. Lo que ha venido sucediendo es que nos están engañando con el falso dilema de si estamos con o contra la guerrilla.

Sobre lo que nos tenemos que pronunciar como individuos es sobre si compartimos la manera en que se está enfrentando ese problema y sus múltiples componentes reduciéndolo a una simple solución de fuerza, y no si coincidimos o no con los postulados y los métodos de la insurgencia.

El punto a definir por lo tanto es si estamos entre quienes niegan que el problema de la guerrilla pueda tener en sus orígenes motivaciones diferente de una naturaleza ‘terrorista’ de sus miembros; si compartimos afirmaciones como la de que ‘no existe conflicto armado’; posiciones como la de que no existe obligación de buscar un acuerdo humanitario, y que por eso éste solo sería aceptable si se acompaña de algunas ventajas políticas o militares; decisiones como la de poner en juego la vida de lo rehenes (tanto de los que ya están en manos de la guerrilla como de aquellos que puedan llegar a caer) bajo la estrategia de que ‘la presión de las fuerzas armadas obligará a liberarlos’, cuando la lógica del secuestro y de la guerra es que en esos casos lo que debe suceder es la muerte del secuestrado (como ya se ha comprobado). Lo que está de por medio es si seguimos al actual gobierno americano como lo hicimos al declararnos aliados en su guerra contra Irak, o en su filosofía de las ‘guerras preventivas’, o en su defensa de la tortura como instrumento legítimo de protección de sus ciudadanos; si continuamos fumigando nuestros parques naturales para proteger a los ciudadanos americanos del peligro que les representa su tendencia a las drogas, y si amnistiamos a los operadores de motosierras porque, como ellos dicen, le estaban prestando un servicio a la sociedad, el cual ya cumplió su ciclo porque ahora viene la fuerza armada a remplazarlos.

Lo que pasa es que la verdadera alternativa es votar para que quien nos represente sea quien tiene un diagnóstico más coincidente con nuestros principios y nuestra manera de interpretar nuestra problemática: quienes sin ponerse del lado de la guerrilla (puesto que su posición y sobre todo sus métodos son inaceptables) creen que sin sanear en algo las desigualdades e injusticias sociales no estamos avanzando; quienes asumen que en toda comunidad la controversia entre puntos de vista o intereses es natural y es posible resolverla buscando puntos de conciliación; quienes reconocen el Derecho Internacional Humanitario como norma legal, constitucional y como Ley de la Humanidad, y por lo tanto como imperativos sus mandatos; quienes proponen que los desmesurados recursos usados para la guerra tendrían mejor uso y producirían mejores resultados destinándolos a programas para prevenirla y no para desarrollarla; quienes consideran que tanto la vida de las victimas del secuestro como el sufrimiento de sus familiares no deben ser de menor importancia que las conveniencias bélicas; quienes ven la nueva filosofía imperialista americana como contraria al interés de la humanidad y a los valores que ésta ha desarrollado, y en consecuencia no adhieren a ella.

En concreto, estamos ante la disyuntiva política de seguir un régimen caudillista o no; pero también ante la disyuntiva individual de escoger en cuales valores y principios creemos y quien los representa mejor.


*Senador de la República.

 

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