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NOTAS DE UN BIONAUTA

De provinciano a providencial

Por Álvaro Montoya Gómez*,
Especial para UN PASQUÍN

No se ha podido establecer con certeza quien fue el iluminado que creyó que Álvaro Uribe Vélez, después de haber ocupado con más pena que gloria, la Dirección de la Aeronáutica Civil, la Alcaldía de Medellín, una curul en el Senado y la Gobernación de Antioquia, estaba listo para hacer la fila india de los precandidatos liberales a la Presidencia de la República.

Durante el tristemente célebre cuatrienio de su amigo y jefe, Ernesto Samper Pizano, el flamante ex gobernador de Antioquia, se tomó un año sabático, y se fue becado para a estudiar en una universidad británica, lo que le permitiría después posar de estadista y de hombre de mundo, ante sus posibles electores.

Ante la inminencia del triunfo de Andrés Pastrana sobre el candidato oficial del régimen del elefante, Horacio Serpa, fue llamado de urgencia para que reforzara la aspiración del fiel escudero de Samper. Uribe Vélez se mostró retrechero, y mucho le tuvieron que rogar para que apoyara la reelección de Samper por interpuesta persona. Se vino de Inglaterra de mala gana, en vísperas de la segunda vuelta, para apoyar a Serpa, quien finalmente resultó derrotado de forma contundente por Pastrana.

El oficialismo liberal no le perdonó al exgobernador de Antioquia su desganado apoyo al candidato continuista, y lo expulsaron de la fila india de precandidatos. No le quedó más remedio que dedicarse a administrar sus fincas.

El iluminado volvió a endulzarle el oído y lo invitó a que hiciera pública su aspiración presidencial, pero pensando en las elecciones de 2010, tiempo suficiente para rehacer su maltrecha imagen política dentro del liberalismo oficial.

A mediados del año 2001, Uribe Vélez se lanzó al ruedo y de una manera clandestina se dedicó a recorrer el país. Tan clandestina era su campaña que su émulo, Juan Manuel Santos, lo derrotaba en las encuestas. Vale la pena recordar que entonces la popularidad de Santos nunca superó el índice del margen de error que normalmente traen las encuestas.

Pero se dio una confluencia de terquedad y ceguera que catapultaron el nombre de Uribe Vélez. Una fue la del liberalismo oficialista al insistir en el nombre de Serpa como candidato presidencial, y la otra la de Tirofijo de hacer todo lo posible por frustrar el proceso de paz intentado por el gobierno de Pastrana.

Cuál no sería la sorpresa de Uribe Vélez y sus asesores cuando en mayo de 2002, el ex gobernador de Antioquia resultó elegido en la primera vuelta derrotando al sempiterno candidato Serpa.

Este milagrito fue interpretado como una señal de los dioses y el ganador se convirtió en el Mesías prometido y actuó en consecuencia.

Desde el día en que se convirtió en el inquilino de Palacio, sus asesores se dieron a la tarea de forjarle una inequívoca imagen mesiánica, con un trabajo mediático de alta cirugía hasta convertirlo en un “irreemplazable”.

Su imagen de hombre providencial se manipuló de una manera tan eficaz que hay que reconocer que desde aquel día –7 de agosto de 2002–, el agraciado no ha perdido ninguna encuesta y su popularidad ha tenido unos índices altísimos, como los que en su momento tuvieron los reelectoreros demócratas Augusto Pinochet, Carlos Saúl Menem y Alberto Fujimori. Y no decimos que Fidel Castro, porque en Cuba no se hacen encuestas.

Esto ha sido posible, gracias a que la antigua Sala de Prevención Desastres de la Presidencia de la República, fue convertida en la Sala de Cuidados Intensivos para que la imagen del Presidente de la República se mantenga tan incólume e impoluta, como cualquier momia egipcia dentro de su sarcófago.
Esta estrategia les ha dado resultado. Tanto que lograron reformar un articulito que les podría permitir a sus adoradores reelegir a semejante ser providencial.

Todo iba muy bien, hasta que los expertos imaginólogos, yerbólogos, ideólogos y similares de Palacio, se dieron cuenta de que esto de la reelección de un presidente virtual sólo funcionaba en el país virtual que ellos habían creado. Otra cosa sería en el país real, pues en las urnas reales había que ganarlas con votantes reales. Y ahí fue Troya.

¿Cómo sacar a la momia del sarcófago sin que se les desmorone al contacto con el mundo real? La segunda vuelta nos dará la respuesta.


* Periodista.

 

 

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