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Reelección presidencial y simulación de garantías

Por Ricardo Sánchez,
Especial para UN PASQUÍN

La decisión de la Corte Constitucional de rodear de legitimidad el acto legislativo 02 de 2004 aprobando la reelección presidencial inmediata, confirma la tendencia de los poderes públicos de someterse al presidencialismo bonapartista. La Corte Constitucional le torció el cuello a la Constitución vigente en su estructura republicana y coadyuvó a la decisión de garantizar una reelección con nombre propio, de manera automática con todos los mecanismos del poder del Estado y del gran dinero. Con la orquestación mediática más impúdica y cínica de que se tenga memoria en los anales de la historia nacional. Al mismo tiempo que se impidió la reelección para alcaldes y gobernadores. El pensamiento cínico entronizado por doquier afirmando que con estas decisiones se profundiza la democracia(!)

En el pronunciamiento realizado por el señor presidente, momentos después de la decisión de la Corte, éste expresó que se trataba de un asunto del pueblo, de su decisión y no de un problema histórico. Como si las decisiones sobre el rumbo del Estado y la política, que comprometen de manera decisiva el porvenir del pueblo, no fuesen un asunto histórico por excelencia. Tal idea sobre el pueblo y la historia, pretende negar los procesos del devenir, el quehacer de las sociedades y la cultura, colocando a la historia como un decorado, siempre en el pasado. Y exaltar el comportamiento del pueblo como un acto único, una elección plebiscitaria para ungir en una ceremonia más bonapartista que democrática al señor presidente, para quien se diseñó todo el proceso licencioso de la reelección. Una comedia democrática no hace una realidad democrática. En las palabras del señor presidente en la Universidad Libre. Bogotá, octubre 19 de 2005:
“La reelección presidencial inmediata implica más responsabilidades con el pueblo que con la historia.
La reelección presidencial inmediata demanda del Presidente de la República aplicarse, no para recibir el remoto juicio de la historia, sino para someter la tarea del Gobierno al inmediato juicio del pueblo. Por eso es un paso de gran importancia en un país que tiene más urgencias que expectativas sobre las páginas de la historia”
.

La oposición a la reelección presidencial no fue al principio, que puede considerarse o no adecuado para Colombia, sino a la reelección con evidente favoritismo para el señor presidente y su gobierno. La ley de garantías fue ‘ampliada’ en tal forma por la decisión de la Corte Constitucional, que más parece una burla que una idea reguladora y actuante de rodear de libertades a los opositores. Terminó legislando la Corte una política impracticable, un ejercicio de simulación de democracia para volver las garantías falsas al hacerlas en lo decisivo inaplicables. La asimetría de las condiciones se vuelve mayor por las apariencias; basta señalar que el señor presidente ya hizo la campaña y seguirá haciéndola con el Estado mediático a su favor, los grandes capitales, de toda procedencia, inundando de billetes el debate electoral. Más que una liza electoral lo que se vive es una feria de dinero, publicidad y propaganda a favor del candidato-presidente. Ante tan contundente evidencia el gobierno y el señor presidente acuden tardíamente (17 de enero), cuando todo ya está consumado a poner en conocimiento la infiltración del paramilitarismo y sus recursos. El paramilitarismo se incorpora a la legalidad con una correlación de fuerzas favorable a sus intereses económicos y políticos, tal es el sentido de la ley de Justicia y Paz. Estas fuerzas no han sido sometidas sino que están sometiendo a la justicia y al Estado de Derecho sobreviviente.

Pero a pesar de los dados cargados, el señor presidente no las tiene todas a su favor. Sus políticas no logran cambiar el rumbo del avance popular democrático. El tratado de libre comercio está ampliamente deslegitimado, aunque un segundo mandato quiera revivirlo. El Plan Patriota hace crisis y la guerra contra la subversión guerrillera se mantiene por doquier y con ímpetu sin los resultados anunciados. Su aliado principal, el presidente Bush, vive un gran descrédito en la opinión norteamericana y es repudiado por sus campos de concentración, guerra contra Irak, amenazas a Irán y militarismo por doquier. El aislamiento, la desconfianza y la incredulidad del gobierno bonapartista de Colombia en el concierto de América Latina y Europa es dramático y los intentos de enderezar la plana frente a Venezuela y Ecuador no trascienden lo protocolario.

Lo que se vive en el continente con el fracaso del neoliberalismo ante los pueblos y sociedades que resisten vigorosamente la crisis de la deuda externa, el desprestigio del fondomonetarismo, ubican con claridad el propósito aplazado de constituirse en un bloque integrado de comunidad económica y política, en una afirmación de progreso, independencia y genuina justicia social.


* Profesor asociado de la Universidad Nacional y titular de la Universidad Externado. Es autor del libro ‘El Bonapartismo presidencial en Colombia. El gobierno de Álvaro Uribe’. Uniediciones, 2005.

 

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