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Garrote, garrote y
más garrote

Por Hugo Serrano Gómez*,
Especial para UN PASQUÍN

Mientras el Presidente Uribe celebraba el nuevo año con torta y vino tinto a orillas del río Igara, en el extremo sur del país, los colombianos recibimos el nuevo año con físico garrote.

Por los lados de la gasolina, los colombianos, que viajaron a visitar su familia en los distintos rincones del país, recibieron el 2006 con un nuevo incremento de $ 24,20 pesos/galón, lo que elevó el precio a $ 5.665/galón en el primer mes del año, cifra que estoy seguro estará bordeando los $ 7.000 en diciembre, si hay continuidad en este gobierno. Igual sucederá con el ACPM, que también tuvo su primer incremento de $ 57,08/galón. Cabe recordar que el 7 de agosto de 2002, cuando se posesionó Álvaro Uribe, el precio del galón de gasolina era de $3.376, lo que hace que este combustible, en los 41 largos y penosos meses de esta administración, haya aumentado en un 68%, en otra clara muestra de que el doctor Uribe sólo se ha dedicado a beneficiar a unos pocos, sin detenerse a pensar en la ya larga brecha de desigualdad que golpea a nuestro país.

Y no sólo fue la gasolina. A la larga lista de alzas para el 2006 se sumaron entre otras: el impuesto predial, con un reajuste del 4.5 %; las multas y comparendos, un 6.95 %; los arriendos, con un reajuste del 4,5 %; el valor de los peajes, entre un 4.45 y un 4.75 %; los trámites notariales, 4.5 %; las cuotas moderadoras y los copagos a cargo de 15 millones de colombianos afiliados al sistema de seguridad social, en un 6.95 %; las multas judiciales, en un 6.95%; la salida del país de nacionales y extranjeros fue reajustada a $ 51.000; el porte para cargar un arma costará $ 119.000; sacar el pasaporte tendrá un costo adicional de $ 30.000; igualmente se autorizaron alzas en las matrículas y pensiones y en las multas por infracciones de tránsito; también aumentó el valor de los útiles escolares, la papa, la yuca y el plátano y, para rematar, el gas domiciliario subió el 6% y todos sabemos que los servicios públicos se han vuelto impagables.

Y no contento con esto, el aporte obrero patronal a las pensiones subió del 15 al 15.5% (ahora, para obtener el derecho a la mesada de jubilación se requerirá cotizar 1.075 semanas, es decir, 25 semanas más). Todo lo anterior, mientras el salario mínimo de 11 millones de trabajadores solo fue incrementado en $833/diarios, cifra irrisoria que en nada contribuye a mejorar la calidad de vida de los pobres de Colombia. Esto, con el trajinado prurito de “un incremento ajustado a la inflación”, que no es más que el mismo carretazo que nos ha vendido el gobierno de Uribe y que solo ha servido para aumentar la brecha entre ricos y pobres.

Si este apretón se dio en la antesala de una larga jornada electoral, mucho me temo que el 2006 será más duro para la clase trabajadora de nuestro país, habida cuenta de la falta de humildad para gobernar, expuesta recientemente ante la prensa por el príncipe Uribe. Ojalá las aguas del Amazonas, que muy seguramente le sirvieron al Presidente para recibir el 2006 y celebrar el nuevo apretón no se desborden, porque ya, la ola alcista que nos mantiene con el agua al cuello, nos está ahogando.


* Senador de la República

 

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